Esas cuatro palabras me sacaron de apuro desde mediados de agosto hasta la hora en que lean esta crónica. Entre coincidencias de fecha y hora, compromisos previos, imprevistos laborales, fatiga adulta o un juego de tenis en horario prime, múltiples fueron las razones para ausentarme de las agendas sociales que te empujan a poner buena cara con dos onzas de maquillaje, 5 centímetros de tacón y dos piezas de tela negra. 

Por eso me perdí el feliz anuncio del Festival de Artes Escénicas de Santiago “TEATRAPO 2025”, que se celebra desde el 6 y hasta el 27 de septiembre. Astrid Gómez, directora ejecutiva de Teatro Utopía, informó por correo las fechas y las obras que la Ciudad Corazón puede apreciar en estos días. 

Igual suerte corrió el concierto de Manerra en el Boulevard de los Artistas de la Benito Monción que convocó la Dirección de Cultura de la Alcaldía de Santiago. Miriam Cruz y los amigos que allí me esperan siempre, disfrutaron del homenaje a Victor Victor sin mí ese último sábado de agosto. Algo hay que perderse, diría Tata. 

En la rendición de cuentas de la diputada Llaniris Espinal faltó mi abrazo de felicitación, con el sol muriendo al oeste del patio de Atabeyra Bohemia. 

Mi ausencia brilló con electricidad permanente en el encuentro con medios de Las Chicas del Can (que se presentan en noviembre), la juramentación de Junior McDougal como secretario general de Adompretur Santiago y velada donde se revelaron los detalles de Restaurant Week en Santiago, una ruta gastronómica que debería poner en mi agenda para la primera semana de septiembre 2026, preventivamente.  

Otros eventos quedarán abandonados en una conversación de WhatsApp o un correo sin abrir, incluso en la agenda manual, esperando un cotejo con tinta azul. Y mientras septiembre ya nos ha doblado 12 días en un suspiro, se me agotaron los tickets de la frase inicial y comenzaré a asistir. Tal vez nos vemos en octubre.