La urbe monumental ha seguido bajo pronóstico de lluvia. Mientras estas líneas viajan por correo electrónico, el sur del país vive una alerta roja perenne desde hace una semana, porque Melissa no se quiere ir del Caribe. Pero la boleta de tres días estaba comprada, el line up cervecero anunciado y los artistas también: el Oktoberfest Corazón Cervecero es mi evento del año: lo espero cada octubre para abrazar amigos, conocer las novedades de las cervecerías artesanales locales y renovar la fe en la música como espacio de salvación y alegría.
Acostumbrada a llegar al Parque Central de Santiago «sola, como la res mala», el viernes 17 asomaron a las ventanas de WhatsApp los incondicionales de siempre, los que me sentaron a una mesa con café y cerveza una tarde en el 2018 y nunca más me soltaron. Todos confirmaron una hora para llegar a la gran carpa con 12 casas cerveceras artesanales, otras tantas fábricas nacionales e internacionales, espacios de comida, un cigar lounge auspiciado por Las Tres Reinas y la tarima de corazones para acoger a los músicos. En el paladar quedaron: la Cibao Apagalunas Tripple, un quipe de res Monumental, la Santilé American Pale Ale, una Canita Baltic Porter, un dulce baklava de Las arabitas, una Santilé Betty Hoop, croquetas Monumental, la Cusqueña Dark, una Caco e vaca y la Proost Aged Barrel. En el corazón, además de las risas y abrazos de los amigos, quedó la música de Altherego y Toque Profundo, de los que no hay decir más que busquen su música en su plataforma digital favorita.

Después de la obra que el café y otros suplementos hacen en el cuerpo, amaneció el sábado 18 con todas las expectativas. Las ventanas verdes del viernes se volvieron a iluminar, confirmando nuevos horarios; y otras compañías sumaron abrazos y sonrisas para la noche pasada por agua también. En el corazón, reposaron los acordes de Conuko Band Roots, Concón Quemao y Vakeró (este último con muchos años de ausencia en tierras monumentales. En el paladar, hicieron su hogar: una Búcaro Marchanta (que gracias a Dios volverán a abrir su garden), la Canita Oktoberfest, una North Coast Brewers Typhoon (apropiada para la temporada ciclónica), una Don Andrés Ambar Ale, la Cibao Blonde Saison y una 1906 mil nueve.

Llegó el domingo 19. Las ventanitas cerveceras cerraron, como cantaría Sergio Vargas. Solo una, mi cómplice Oktober de siempre, abrió preguntando: ¿a qué hora? Ya Bonyé dejaba compases en el pecho y cadencia en cadera y pies de los presentes cuando hicimos entrada en la carpa, después del agua lluvia. La multitud del sábado dio paso al público selecto del domingo: algunos sobrevivientes del finde y otros nuevos que llegaban fresquitos al recinto de la avenida Bartolomé Colón. Y luego, mientras Sistema Temperado dejaba más notas, en el paladar quedó: otra Cibao Blonde Saison, otra Proost Barrel Aged, la Santilé Oktoberfest, la Cibao 30 Caballeros Stout, Santilé Rubia Loca 250 y la Santilé Dulce Sweet Stout.

Quisiera contar del lunes 20, pero lo laboral es tema de otra crónica… Además, solo lo bueno se repite, como diría un refrán. Tal vez por eso aparecen cervezas repetidas en un finde. Tal vez por eso no dejo de asistir cada año al Oktober (nombre corto y de cariño de quienes hemos convertido este evento en una tradición de alegría y celebración). Podría parecer que es solo cerveza, pero es mucho más que lúpulo, cebada, agua y levadura: química, historia, religión, hermandad.
¡Nos vemos en 2026, Corazón Cervecero!
