La noche había comenzado complicada. El trayecto hacia la Gran Arena del Cibao se nubló, llovió y escampó tantas veces, intentando disuadirme del encuentro con la nostalgia y la historia. Las Chicas del Can presentaban su espectáculo «Las Chicas del Can: El reencuentro». La propuesta artística llegaba a Santiago un año después de su estreno en Santo Domingo.

DJ Mariposa calentaba los ánimos del público en la previa. Si estábamos al borde de las 11 de la noche cuando las luces doradas y la intro sonora con un recorrido por todas las canciones exitosas del grupo hicieron presencia, no lo recuerdo. La espera había sido bastante, el público de las gradas más altas había sido invitado a descender para estar más cerca del tabloncillo, lo que volvió la noche más íntima en un aforo para 7300 almas.

El escenario, a doble altura, permitió apreciar a cada integrante de la orquesta completamente femenina, ataviadas de dorado, celebrando y en franca alusión a la mejor época del merengue dominicano: la década de 1980.

El concierto inició de flash back, desde Las Espectaculares (última generación de Las Chican) con Tueska, Mabel, Luisanna y Jameli. Este bloque cerró con la presentación de Las Niñas Divinas, un trío típico de niñas nativas de Cabrera y residentes en Santiago, que desde hace 7 años son conocidas en la región. Anyelkys, Anyerlys, y Amberlys demostraron su talento al interpretar el éxito de Fefita La Grande «La pimienta es la que pica».

La transición no pudo ser más explosiva. Entonces, todo el que no tiene cédula serie 400 y algo viajó a la niñez o adolescencia, cuando el mediodía en TV era merengue de lunes a viernes, y en un mundo dominado por hombres aparecía una orquesta femenina desde el frente hasta la güira. Y precisamente la güira fue el centro de todo. Juana la Cubana, una de las coreografías más emblemáticas del merengue del siglo XX (junto al motor de Aramis Camilo) apareció en escena. Teresa Domínguez, su nombre de pila y cédula, subió y bajó al ritmo que la hizo famosa, tocando el instrumento más subestimado del merengue. Ovación de pie súper merecida, porque la edad es solo un número, y a la noche le faltaban unas cifras.

Aquí entraron, de rojo, las conocidas como Las Monumentales: Michelle, Grissel y Florangel. No podían quedarse los temas «Celoso» y «Te quiero ver», clásicos de esta segunda generación que hizo de los 1990 y principios de 2000 su etapa brillante.

Venían otras invitadas… Para el segmento in memoriam Verónica y Eunice (fallecidas), Adalgisa Pantaleón y Didi Hernández se unieron a la orquesta en la canción popular en voz de la cantante Marisela «Sin él». Adalgisa se despidió del escenario con «Santiago», la canción de la Ciudad Corazón, que pocos del público conocían.
De negro entraron Las Pioneras: Belkis Concepción pasó a dirigir la orquesta mientras la ovación del público le hacía saber el cariño que Las Chicas del Can sembraron durante cuatro décadas. Volvía Teresa Domínguez y Las espectaculares a escena.

Entonces, el repertorio agotado trajo recuerdos de voces ausentes, como los temas «Amor comprado», «Ta pillao», entre otras que fueron la banda sonora de estos dos tercios de isla caribeña. Con doble cierre, un primero con «El africano» y el definitivo con «Volvió Juanita», Las Chicas del Can terminaron el reencuentro entre ellas y con nosotros.