El detalle de llegar a una ciudad planificada es que todo está ubicado donde debería estar para que funcione a favor de las personas. Por tanto, no es casualidad que Union Station esté a pocos pasos del Capitolio bien conectada con las demás dependencias de poder. Mientras avanzamos a pie hasta el edificio congresual, no sentía frío: era hielo depositándose de a poco bajo la epidermis, las mejillas evitando el punto de congelación gracias a la grasa caribeña producto de años mordiendo chicharrón y otras frituras.

No había tiempo para la fila y el recorrido interior, apenas para un par de fotos en la fachada frontal, hacer lo mismo por otros con la misma prisa y encaminarnos hacia la Suprema Corte de Justicia, en obras por esos días. El cielo era azul, mientras conjuntos de nubes iban y venían bloqueando el sol de cuando en vez.

Mientras Altagracia me contaba de sus protestas aquí y allá (así sucedería en otros puntos de DC), era imposible no recordar las caminatas de Olivia Pope y Annalise Keating, el viaje de Offred… Porque mucho antes de la visita real, la capital norteamericana es bien vendida en la ficción, especialmente la audiovisual.

Entre el Capitolio y la Casa Blanca, está el Smithsonian, una red de museos inmensa y extensa que cubre todo entre las avenidas Independence y Constitution y que nosotras atravesamos por la calle Madison hasta el Monumento a Washington, un obelisco de 169 metros que suele estar más asociado al National Mall y su piscina reflectiva, imagen icónica en diversas protestas y momentos históricos de la realidad y la ficción.

Ya se nos iba haciendo tarde entre las conversaciones privadas, las reflexiones de fin de año y la sabiduría que el frío va sacando mientras se camina. La Casa Blanca se veía gris de lejos, custodiada tanto o más que antes, con cientos de personas buscando el mejor ángulo para la foto, muy pocos comprando el adorno oficial de Navidad a la venta en el parque contiguo. El parking se agotaba y habíamos decidido regresar a pie, esta vez por la avenida Constitution. No fue así.

Terminanos zigzagueando entre la Pennsylvania y la Whashington, descubriendo lo que mi colega ya conoce luego de 7 años residiendo y trabajando y la zona, y lo que ambas no podíamos adivinar que encontraríamos. Por ejemplo, la calle 16 North West, con la mayor densidad de iglesias en el distrito, de tantas denominaciones como el mundo ha visto crearse durante siglos.

Amaneció el día primero, cruzando el río Potomac que separa Washington de Arlington, Virginia como el Yaque del Norte separa el centro histórico de Santiago de Bella Vista. Faltó tiempo también para transitar el interior del Cementerio Nacional de Arlington, tampoco hubo chance para brechar el Pentágono. Debíamos tomar de nuevo la I95, esta vez rumbo a Baltimore.