Era miércoles. Posiblemente esté volviendo ingenua a un lugar donde podría ser feliz porque hay siempre café. Su nombre honra la ciudad mítica en la obra de Van Gogh y también al artista.
Danny siempre sabe qué necesitas y, tras encender las velas que traerían buenos deseos, pero también honrarían las almas perdidas de ese abril funesto, llegaron sendas tazas de café que llenaron el corazón y cumplieron las expectativas con precisión artística.
Había una lista de temas por debatir que no abarcaba las tazas. Entonces aparecieron las palomas. Pero no volaban, iban contenidas en copas transparentes, como las buenas intenciones. El vuelo se extendió hasta la hora en que el happy hour ya es noche franca y te queda la excusa de que mañana se trabaja aún, porque será jueves.
No sé si ya he escrito antes sobre Arlés Bistro en Los Jardines, pero sí comprendo que el camino me llevará a su acera en este agosto ideal para las mesitas íntimas, los detalles y el buen café.