Cada semana, el Ateneo Amantes de la Luz se vuelve escenario para que la cultura se haga posible: se brindan conferencias sobre diversos temas, se organizan conversatorios y se presentan libros. Desde la sala principal Profesor Federico Izquierdo, la biblioteca pública, hasta la sala de conferencias Dr. Carlos Dobal Márquez hasta el Balcón de los Poetas, cada rincón puede contar historias…
Desde junio, que participé en la presentación del primer libro de José Alfredo Espinal, titulado en «En voz baja», hasta la penúltima semana de octubre, cada velada ha sido oportuna para que nuevos textos vean la luz, nunca mejor dicho en este caso.
Especialmente, recuerdo la noche en que Anthony Almonte, el profesor de historia y magíster en política, se estrenó como autor con el libro «Historia y anécdotas dominicanas: General Perico Pepín. Un hombre colgado en el corazón de Lilís», que firma junto al investigador Humberto Méndez. La sala de conferencias Dr. Carlos Dobal Márquez resultó pequeña para los amigos y colegas que acudimos a la cita.
Aunque me ausenté, mi corazón estuvo muy cerca la noche del 16 de octubre. Ese día yo conmemoraba otras cosas, mientras en la noche, el profesor Faustino Medina ponía en circulación su poemario «Desintegración». Ya me preparaba en esos días para presentar junto a Andrés Acevedo el tercer y más reciente poemario de Enegildo Peña, titulado «Voces de mi voz», la noche del martes 21 de octubre. La fecha no era producto del azar: era el Día Nacional del Poeta, en honor a Salomé Ureña de Henríquez. Igualmente, Peña motivó para la actividad un recital homenaje a José Rafael Lantigua, impulsor de la lectura y los libros más allá de su obra.
Sin embargo, lo potente del Ateneo sucede en los días, cuando investigadores y estudiantes consultan la versátil biblioteca y la legendaria hemeroteca. Este acervo, en peligro permanente, requería más que unas visitas de consulta, sino un plan de rescate.
Nunca imaginé que la convocatoria emergente del lunes 20 de octubre traía más que la nota social del Banco BHD celebrando su sesión de miembros de los consejos directivos en la Ciudad Corazón. Ni siquiera la presencia temprana de la junta directiva del Ateneo en el Centro León, donde se celebraron los actos, me hizo sospechar.
«Sabemos ser socios», había declarado Luis Molina Achécar, presidente del Centro Financiero BHD mientras detallaba las bondades del país y su evolución económica. Supe que también se refería a ellos mismos cuando tocó el anuncio sin precedentes: la donación del BHD de 100 millones de pesos para el Ateneo Amantes de la Luz.

Con estos fondos, será posible el remozamiento, equipamiento y preservación de este emblemático centro cultural, cuya historia se remonta a 1874, iniciativa de Manuel de Jesús de Peña y Reynoso.
Carlos Manuel Estrella, presidente del Ateneo, y Darío Fernández Morales, vicepresidente de la institución, recibieron la donación de manos del ingeniero Molina Achécar y Steven Puig, presidente del Banco BHD y la vicepresidente de la República, Raquel Peña.
La velada terminó en abrazos, alegría y la certeza de que 151 años no han pasado en vano. Que vendrán miles de días más para el Ateneo y, sobre todo, mil y una noches más.