Con la llegada de un nuevo año, muchas personas se plantean metas que van desde mejorar la salud y la economía hasta alcanzar mayor equilibrio emocional. Los propósitos se convierten en una especie de punto de partida simbólico, una oportunidad para replantearse hábitos, cerrar ciclos y proyectar cambios. Sin embargo, con el paso de las semanas, no pocos quedan en el olvido, desplazados por la rutina y las exigencias del día a día.
Para el psicólogo Julio Villafaña, director del Centro de Tratamiento Psicológico e Hipnosis Clínica SALUTE, esta dificultad responde, en gran medida, a la forma en que se conciben los propósitos. A su juicio, el problema no está en querer cambiar, sino en cómo se formulan esos cambios. “Cuando los objetivos son demasiado amplios o poco claros, la motivación se diluye con facilidad”, explica.
El especialista sostiene que uno de los aspectos fundamentales para sostener un propósito es transformarlo en acciones concretas y alcanzables. Más que aspirar a cambios drásticos e inmediatos, recomienda avanzar de manera progresiva, incorporando pequeños hábitos que puedan sostenerse en el tiempo. Este enfoque, señala, permite que el proceso sea más realista y reduce la frustración que suele aparecer cuando las expectativas son demasiado altas.
Villafaña también subraya la importancia de la constancia por encima de la perfección. A su entender, fallar en algún momento no debe interpretarse como un retroceso definitivo, sino como parte natural del proceso de cambio. “Habrá días en los que no se logre cumplir lo planificado, y eso es normal. Lo importante es retomar el camino sin culpa”, afirma.
Desde su experiencia clínica, destaca además el valor de escribir los propósitos y darles seguimiento. Ponerlos por escrito ayuda a clarificar ideas, reforzar el compromiso personal y evaluar avances con mayor conciencia. Este ejercicio, sostiene, favorece el autoconocimiento y mantiene la motivación a lo largo del tiempo.
Afirma que, de esta manera, los propósitos de Año Nuevo dejan de ser simples promesas pasajeras para convertirse en verdaderas herramientas de crecimiento personal, cuando se asumen con realismo, disciplina y una mirada compasiva hacia uno mismo.