Contrario a la clase de los sábados en la mañana, esa noche llegué tarde. Pero me perdería otra convocatoria francófona. Porque, además, la exposición Mujer Corazón, del colectivo Mujeres Puro Arte, abrió la celebración por los 60 años de la Alianza Francesa de Santiago.
Subí las escaleras para encontrar a capacidad la sala de exposiciones Luis Veras Lozano, en las ya no tan nuevas instalaciones de la Alianza en los Cerros de Gurabo, muy lejos de las aulas que habité en la sede de la avenida Estrella Sadhalá, al lado de UTESA. Cuando Francisca servía quipes de pollo o res con jugo de chinola, apenas había internet y las invitaciones no llegaban por WhatsApp.
La muestra colectiva es heterogénea y justa. Pasa por 27 artistas, entre algunas de nombre y apellido como Inés Tolentino y Kilia Llano, hasta otros pinceles en estreno, como Virtudes Torres. Variadas también las técnicas y los temas.
Llegué en el medio de los discursos protocolares: la embajadora de Francia en República Dominicana, Sonia Barbry; precedida del alcalde de Santiago y exalumno de la Alianza, Ulises Rodríguez. Ya había dado la bienvenida oficial Martha Herrera, alma de la Alianza. También a mí me la dio, cuando decidí que el francés sería mi segunda lengua para aprender. Luego vinieron Heriberto, Irkania, Elsa, y otros nombres que la memoria sepulta junto la conjugación del subjuntivo y las seis formas de pronunciar la e.
Claire Labat, directora de la Alianza, y Malena Riley, presidenta de la Fundación Mujeres Puro Arte, concluyeron las alocuciones antes de entregarnos a lo mejor de esa noche a principios de febrero: las conversaciones, el arte, el vino.
Volví a pasar por las obras, comentar con los amigos presentes, las selfies para el recuerdo… Entonces, se nos hizo tarde. Con la misma velocidad con que llegaba la una de la tarde cada sábado. Nos despedimos con urgencia, como si nos esperara alguien. Prometimos vernos pronto. Yo hui hasta la próxima esquina, como siempre. À bien tôt.