En el autobús que cubre la ruta 161 de Paterson, Nueva Jersey a Port Authority Nueva York, va conduciendo una mujer. Salió puntual a las 4:00 AM desde la estación en la calle Broadway. En downtown se han montado muy pocos pasajeros, casi todos hombres. Tres paradas más tarde se monta un aguilucho: el prejuicio dirá que es cibaeño, santiaguero para ser precisos, y que prefiere mostrar su fanatismo en vez de cubrirse la cabeza apropiadamente para la hora.
Van abrigados según el nivel de frío que marca la temporada. Son gente de trabajo: la mochila, el saludo en confianza a la conductora y el rostro ajado de lunes son señales inequívocas. El fenotipo delata otro aspecto: son migrantes. O por oposición, no son gringos.
La segunda mujer sube en Mola Boulevard. A esta altura, ya el autobús a media capacidad y parecería que todos van a Manhattan, a la calle 42 con avenida Octava, donde, además de ubicarse Port Authority Nueva York, está el edificio de The New York Times, uno de los diarios emblemáticos de la ciudad insomne. Pero no, alguno se baja en Lodi, otro en Moonachie. Antes, habremos recorrido Elmwood Park, Saddle Brook, Teterboro y Little Ferry.
Dos cabeceos más tarde, se anticipa el Lincoln Tunnel, una maravilla de la ingeniería del siglo XX, que debemos a Ole Singstad, y que atraviesa por debajo del río Hudson. Se nota que vamos llegando y los obreros se preparan para la carrera, desperezándose, cerrando abrigos, ajustando mochilas. Porque al descender en Port Authority, hay que correr hacia la siguiente puerta (gate), en cualquier piso de la estación que se encuentre: subway, tren, otro autobús, que pasa exactamente a la hora que necesita usuario para que su conexión de rutas funcione y poder llegar a tiempo al trabajo.
Bajo lento, porque no me posee la prisa del trabajo, segura de que no me va a dejar el autobús hacia Washington DC que sale a las 6:00 del gate 73, ubicado en el mismo piso que hemos arribado. Mis razones de viaje son turísticas y de amistad. Son las 5 apenas, da tiempo a salir hasta la 42, tomar un chocolate caliente, avistar el edificio periodístico, volver sobre mis pasos y hacer la fila. No volveré a levantarme a la misma hora excepto para volar.